Detrás del turístico pueblo de Bernal, a las faldas de la Peña se esconde otro Bernal, el de los primeros habitantes, de los pueblos originarios, el Bernal Otomí.
Como si fuese parte de un pueblo distinto, olvidado, esta fracción de Bernal se encuentra en quietud, esperando ser descubierto y gozar de la prosperidad del otro Bernal; en él se producen las gorditas de maíz quebrado que los turistas consumen, en él, tal como Balam lo retrató, pasea el venado en el semidesierto, vuelan los cuervos y las águilas extienden sus alas hacia el atardecer enmarcado por la gran roca sagrada que el principal testigo de su existencia desde siempre.